Pamela Calbete
Pamela Calbete

Asesora de Becas

«Obtén Altos Porcentajes de Beca.»

«Financiación en cuotas y sin intereses.» 

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Es sabido que para lanzar un producto se realiza previamente un estudio de mercado con el fin de analizar si en el entorno hay competencia directa (otras empresas que tienen el mismo producto) o indirecta (empresas que producen productos que pueden resultar sustituivos del nuestro). En este análisis, se intenta establecer cuánto vende la competencia, para poder valorar nuestras potenciales ventas. 

Ahora bien, hay casos en los que nuestro producto resulta tan singular que no hay competencia. Sin embargo, al margen de creer que disponemos de “campo despejado” por ello, es igualmente necesario valorar el posible mercado mediante la evaluación de otros factores.

Es imprescindible, en primer lugar, un análisis sobre qué origina la demanda de nuestro producto. Es decir, qué necesidades cubre, porqué el consumidor se interesaría en el mismo. En este orden, lo que sigue es estudiar con cuidado al posible comprador, realizar la correspondiente segmentación potencial y analizando sus hábitos de consumo y modalidades de compra.

Luego, corresponde seguir con la estimación de las posibilidades de beneficios que tiene el nuevo producto. Para ello se determinarán los costes de fabricación y distribución del mismo y compararlos con los precios posibles que pueden aplicarse al producto; a esto se agrega la valoración de los volúmenes necesarios de fabricación para alcanzar los objetivos que la empresa se puso.

En este proceso se vuelve importante estimar los riesgos, teniendo en cuenta que no todos los cálculos de valoración de la situación ofrecen los mismos niveles de exactitud. A mayor grado de confianza que podamos poner en esas cifras (y eso lo estimaremos nosotros), menos posibilidades de riesgos y viceversa. Algunas empresas establecen ciertos parámetros para estos cálculos, a saber: 

  1. Tiempo determinado para recuperar la inversión.
  2. Cuántas el coste será veces el valor del precio.
  3. Que el punto muerto sea excedido por el probable volumen de venta

Finalmente, ningún producto nuevo debe salir al público sin pasar por las debidas pruebas de laboratorio. Se deben eliminar todos los riesgos de que, una vez lanzado al mercado, los consumidores encuentren falencias en el mismo. Una vez instalada la idea de que algo es un mal producto, es muy poco probable que vuelva a ser aceptado aunque pase un proceso de mejorías.

 

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